Dos grandes serpientes se lanzan al mar desde Ténedos por la quieta llanura con curvas inmensas y buscan la costa ala vez; sus pechos se levantan entre las olas y con crestas de sangre asoman en el agua, el resto se dibuja en el mar y retuerce sus lomos enormes en un torbellino.
Escapamos exangües ante la visión.
Aquéllas en ruta certera buscan a Laocoonte, y primero rodean con su abrazo los pequeños cuerpos de sus dos hijos y a mordiscos devoran sus pobres miembros; se abalanzan después sobre aquel que acudía en su ayuda con las flechas y abrazan su cuerpo en monstruosos anillos, y ya en dos vueltas lo tienen agarrado rodeándole el cuello con sus cuerpos de escamas, y sacan por encima la cabeza y las altas cervices.
El trata a la vez con las manos de deshacer los nudos, con las cintas manchadas de sangre seca y negro veneno, a la vez lanza al cielo sus gritos horrendos, como los mugidos cuando el toro escapa herido del altar.
Virgilio, Eneida, II
Un abrazo. Mari Cruz
0 Comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por visitar mi blog. Agradeceré repartas los Pétalos entre tus amig@s. Y me gustaría recibir vuestras opiniones, sugerencias y comentarios para generar otros muchos puntos de vista del interés de tod@s.
Temporalmente no me es posible responder vuestros comentarios, mis disculpas.
¡Que difrutes de un buen día!
Un abrazo :) Mari Cruz