viernes, 9 de octubre de 2009

Pétalo 147 :) Las palabras dejan huella

Cuenta la leyenda que había una vez un pequeño muchachito muy resuelto que tenia muy mal caracter y a todos miembros de su familia así como vecinos y compañeros de colegio contestaba en forma despótica, sin gran motivo, e incluso existiendo algún pequeño motivo jamás reparaba en pensar para conversar y así dilucidar la controversia.

Se consideraba superior a los demás, mostrando desprecio a todo aquel que se encontraba en su camino, comportándose de un modo soberbio y prepotente con todos los de su alrededor. No mostraba afecto y mucho menos lo aceptaba por parte de su familia. 

Un buen día su padre muy apesadumbrado por el mal temperamento de su jóven hijo le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia y se comportara de ese modo deberia clavar un clavo detras de la puerta de entrada de la casa. 

Así lo hizo el muchacho y justo el mismo día en que le había encomendado la tarea su padre, el muchacho clavó antes de llegar la noche 17 clavos detras de la puerta.

Las semanas que siguieron, a medida que él aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detras de la puerta.

Pasaron meses y meses e incluso años, hasta que aquel muchacho se convirtio en un jóven que ya podía trabajar en el campo, cuidar de los animales y por entonces fue cuando pasó un día en el que clavó sólo un clavo tras la puerta. 

Aquel día comprendió que era mas facil controlar su genio o mal caracter que clavar clavos detras de la puerta, ya que sólo requería de un pequeño esfuerzo por su parte, era simple cuestión de práctica el cambiar de estado de ánimo. 

Lo curioso, todo aquello cambió, cuando él se empezó a aceptar y querer tal y como era, y comenzó a aceptar a los demás tal y como eran, comprendiendo que todos en la vid

a tenemos facetas mejores y peores.

Y para vivir feliz hay que aceptar las facetas peores de uno y por supuesto tolerar las de los demás. 

Hasta que siendo ya un jóven en edad casadera se dió cuenta que pudo controlar su mal caracter durante todo el día y no precisába clavar clavo alguno tras la puerta. 

Al darse cuenta del gran logro corrió apresurado a casa de sus ancianos padres ya que por aquella época se había mudado al centro de la ciudad a buscar mejor fortuna, estaba deseoso de comunicarles lo que había conseguído. 

Tras una larga caminata hacia el pueblo casi al llegar comenzó a sentir muy presentes todos los recuerdos de su niñez aquellos colores de los árboles en primavera,  del cielo tras la lluvia , aquel riachuelo helado en invierno, los cantos de todos los pájaros que eran amigos de su infancia y los olores a campo ...

A medida que se acercaba consiguió acertar a ver a una anciana encogida en la puerta de la casa sentada observando el camino, se apresuró entonces para poder hablar con ella. 

Madre lo conseguí por fin no precisé clavar clavo alguno tras la puerta, la anciana envuelta en un halo de tristeza se levantó y se acercó a la entrada de la casa y abrió la puerta, mostrándole la cantidad de clavos que allí permanecían clavados.

Le díjo, hijo me alegra verte y mucho más le alegraría a tu padre que falleció recientemente.

Sabes me encomendó como a tí una tarea y pensé que no viviría para poder culminarla.

Me indicó que algún día quizá cuando yo ya fuera muy anciana un buen día de repente volverías, como así ha sido, y ese gran día yo debía encomendarte esta segunda tarea. 

¿Cuál madre? estaré gustoso en complacerla lo antes posible. 

Pues mira hijo, a partir de ahora como has logrado controlar tu caracter has de retirar cada uno de los clavos que clavaste como premio por tu logro, a su vez has de darte cuenta de la marca que queda en la puerta y decirme cómo es. 

El jóven muchacho fue a buscar herramientas y comenzó a quitar los clavos que todavía quedában trás la puerta de la casa de sus padres, habiéndo comenzado al alba era ya tarde aunque todavía no se había puesto el sol y todavía seguía trabajando hasta que de repente con un esfuerzo grande por fin terminó.

Madre dijo: ya terminé. La madre le respondió: has trabajado duro, hijo mio, pero díme qué queda en la puerta.

Pues madre quedan innumerables hoyos profundos e incisivos en la gran puerta vieja de madera.

El jóven consternado se apresuró: si lo deséa mañana al alba los repararé, sabe que soy carpintero en la ciudad y difuminaré las marcas profundas. 

No hijo no es preciso, mejor que queden, así podrás mirar todos esos hoyos en la puerta y te darás cuenta que ya nunca será la misma.

Cada vez que tu perdías la paciencia, dejábas cicatrices exactamente como las que aquí ves en el corazón de todos aquellos que te queremos, ciactrices profundas e incisivas.

Por lo tanto los corazones de aquellos que te aprecian están llenos de esos hoyos, te queda mucha vida para repararlos, en algún caso, en otros ya no podrás el tiempo ha sido implacable, así que el poco del que dispones no lo malgastes tapando los de la puerta. 

Tu puedes criticar lo que díce una persona y retirar lo dicho, pero el modo como se lo digas lo devastara, y más si es de forma personal , la cicatriz profunda e incisiva perdurará para siempre en su corazón.

Una ofensa verbal personal es tan dañina como una ofensa fisica, así que a partir de ahora hijo piensa y escucha a los demás antes de hablar, ya que por eso tenemos dos orejas y una sola boca; y cuando lo hagas no te focalices en las personas sino en sus actuaciones o comportamientos.

Así no producirás las heridas profundas e incisivas que has hecho durante muchos años en la puerta ...

... en la puerta de tus padres. 

Tras una vida en la que se ha disrutado observando a los cachorros ...

... queda por vivir una etapa de soledad.

Bonita fecha para un aniversario de boda.

Un abrazo. Mari Cruz


3 Comentarios:

Mari Cruz on 11/10/09 18:16 dijo...

Gracias por vuestros mensajes privados, me animan a continuar. Para navidad introduciré algunas modificaciones que redundarán en una mayor organización de cara a que encontréis de modo más sencillo los pétalos que buscáis. Agradecida por vuestra comprensión, sólo es cuestión de tiempo que pasará volando.
un abrazo. mari cruz

Anónimo dijo...

Precioso el post, es verdad que a veces no nos damos cuenta del daño que hacemos.
Ya que pones música, te invito a que escuches a un grupo gallego, alomejor conoces, se llama luar na lubre, creo q te pude gustar
http://www.youtube.com/watch?v=EZU3XqtrwG0

Ana

Mari Cruz on 3/11/09 23:23 dijo...

Gracias Ana por tu comentario, sólo con detenernos unos segundos en pensar lo si lo que vamos a decir tendrá repercusiones el resto de nuestras vidas, quizá merezca la pena valorar decirlo o no.
Si conozco el grupo soy muy aficionada a la música celta, aunque soy más seguidora de Madredeus, Hevia, Carlos Nuñez, Dulce Pontes etc... gracias por el link.
un abrazo. mc :)

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